La ansiedad es conocida también, como exceso de futuro, porque estamos centrados excesivamente en lo que puede ocurrir, y en la mayoría de las ocasiones, de forma pesimista: esto no lo voy a lograr, esto no va a acabar nunca… Y el cerebro no distingue entre lo que imaginas y la realidad.
Es decir, que si yo me pongo en una situación que me provoca miedo, mi cuerpo responderá como si esa situación fuera real. Es una respuesta que nos prepara ante una amenaza y eso está bien. Pero si esta respuesta es muy prolongada en el tiempo o de mucha intensidad, vienen los problemas.
Y son problemas variados, e inesperados. Por ejemplo, en estas situaciones el cuerpo ‘olvida’ el sistema digestivo. Y esto provoca muchos problemas estomacales porque además se genera una hormona llamada cortisol, que influye. El sistema inmunológico, igual: deja de funcionar porque el cuerpo está preparado para esa respuesta inmediata. Y si se prolonga, llega un desgaste y consecuencias negativas para la salud.
Recuerda esto: El cerebro no distingue entre lo que imaginas y la realidad.
Sentir ansiedad no es malo, se trata de una señal que nos está indicando que algo en nosotros o en nuestra vida no va bien. Debemos mirar hacia nuestro interior para entender aquello que realmente nos preocupa y nos duele Debemos escuchar esas señales que nos envía el cuerpo. Pero si comienzan a ser un problema en tu vida cotidiana te recomiendo que pidas ayuda. Hay un dicho que dice…
“El cuerpo grita lo que tu boca calla”
