ERES LO QUE PIENSAS

Arriesgarse a cambiar

En cualquier ámbito de la vida y cuando confiamos en alguien, seguramente será porque esa persona nos ha demostrado que posee una serie de cualidades, conocimientos, experiencias, etc. que garantizan que aquello que le confiamos lo va ha saber cuidar, desarrollar, potenciar, custodiar, etc. de la mejor manera posible. Confiamos en el banco para guardar o invertir nuestros ahorros, confiamos en el médico para que cuide de nuestra salud, confiamos en la escuela para que proporcionen una educación a nuestros hijos, confiamos en el entrenador para que nos enseñe a mejorar nuestra fuerza y técnica en la bici, confiamos en nuestros amigos cuando necesitamos ayuda, y podríamos continuar con una lista innumerable de cosas y situaciones. Constantemente necesitamos confiar en personas, entidades o cosas para vivir de una manera adecuada en sociedad. 
¿Pero qué sucede cuando no confiamos en nosotros mismos, cuando dudamos de nuestras capacidades, de nuestras reacciones, cuando no estamos demasiado seguros de poder responder a las demandas de una situación de nuestro entorno? Sucederá que seguramente fracasaremos, cometeremos errores, sentiremos malestar, etc., y en ocasiones no será por no poseer las aptitudes, sino por creer que no las tenemos. 
En muchas ocasiones oímos decir que un ciclista ha perdido la confianza en si mismo, o la inversa que un corredor cree realmente en sus posibilidades.
Se ha podido determinar que exista una correlación directa entre la autoconfianza de una persona y sus éxitos académicos o laborales. ¿Pero de dónde sale la confianza? ¿Qué bases son necesarias para confiar en nuestras posibilidades? Podemos afirmar que la confianza es una emoción situada en el presente, que suele consolidarse en el pasado y que se proyecta hacia el futuro, confiamos en una persona porque tenemos una serie de información que nos invita a creer que gracias a ella alcanzaremos nuestras metas. Cuando una persona no confía es si misma, probablemente será porque tiene una información que le dice que no va ha poder conseguir sus aspiraciones u objetivos. Esta información puede venir por una vía interna como por ejemplo una experiencia anterior o bien por vías externas, como por ejemplo los comentarios de un jefe, de un profesor, padres, etc. Esta información, no tiene por que ser necesariamente cierta, puede ser producto de una percepción subjetiva de la persona, pero que si realmente se la cree, su mente la puede dar como cierta.
La creencia es como un interruptor que tiene las dos posiciones: abierto (on) – cerrado (off). Si realmente creemos que podemos a hacer una cosa seguramente lo conseguiremos, y viceversa si creemos que no podemos hacer algo, hasta es posible que ni lo intentemos.
Las bases para mejorar y mantener nuestra autoconfianza en cualquier ámbito de nuestras vidas  pasa por tener presente los siguientes puntos:
Conocer objetivamente nuestras capacidades.

  • Determinar nuestros objetivos o metas a largo, medio y corto plazo. Es decir, en base a nuestras capacidades reales plantearnos unas metas también realistas. Unos objetivos demasiados fáciles pueden aburrir y unos objetivos muy difíciles puedes angustiar. 
  • Mantener una conversación interna positiva, optimista y alentadora. Esto se consigue mediante el control de nuestros pensamientos, si pensamos negativamente, nuestra actuación será un reflejo de ese pensamiento. Pongamos el ejemplo de un deportista. Si un corredor antes de empezar una prueba piensa y cree que tendrá un mal rendimiento, lo más probable es que sea así. ¿Qué sucede cuando has tenido dos bajadas un tanto mediocres? Que una información procedente del pasado (las dos bajadas) nos hace pensar que probablemente volvamos a fallar en la siguiente, y en este caso no es porque no sepamos realizar correctamente el descenso, sino porque nuestros pensamientos están en los errores anteriores y nuestra actuación responde en función a lo que pensamos.

 En definitiva, la autoconfianza se basa en conocer tus capacidades y puntos fuertes, confiar en ellos y potenciarlos al máximo, en conocer también tus puntos débiles para mejorarlos o evitarlos cuando sea necesario y sobre todo pensar y plantear tu actuación en lo que realmente sabes y puedes hacer. Pero sobre todo ten presente lo siguiente: Piensa bien lo que piensas porque puede acabar haciéndose realidad.

(Por María Zubia del Barrio, psicóloga)

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