Artículo de Vanessa Salinas, Psicóloga

Hola a todos, tengo que escribir una presentación para mi primera entrada a este blog. Por dónde puedo empezar. Si os parece bien, os explicaré el porqué he decidido escribir en este medio.

Hace unos años me diagnosticaron una enfermedad degenerativa que afecta a las articulaciones de todo mi cuerpo, incluidas las manos, por lo que escribir dejó de ser una de mis opciones, y aunque me gustaba paso a la lista de cosas que tenía que dejar de hacer.

Pero ante todo sentía que tenía que seguir ayudando transmitiendo lo que he aprendido en toda mi vida tanto personal como profesionalmente. Gracias a las nuevas tecnologías ya no
tengo que escribir con las manos, ya que la informática lo hace por mí.

Ahora puedo seguir compartiendo con todos vosotros, opiniones, inquietudes, y seguir contestando, dentro de mis posibilidades y conocimientos, cuestiones que a vosotros os preocupan y ami también.

Teniendo en cuenta que siempre me han dicho, tanto en lo privado como en lo profesional, que tengo una visión de la psicología muy personal, y aunque yo sigo pensando que sólo es psicología, si que reconozco, que en el transcurso de los años he elaborado ciertas teorías de opinión propia, sobre patologías como, el trastorno por déficit de atención, la adolescencia en general, la ansiedad, y otras muchas más, como la estabilidad emocional, asertividad en lo personal y las relaciones de pareja.

Durante años me he dado cuenta que las técnicas para modificar la conducta, las pautas educativas, y otros recursos que
enseñamos en consulta, se tienen que adaptar o tunear a la realidad del día a día de las personas, pretender que todo paciente ejecute la técnica estándar independientemente de su situación personal, familiar, laboral, o incluso de salud personal.

Si no acabáis de entender lo que quiero decir, os ayudara al ejemplo que voy a poner a continuación.

Unos padres llegan a consulta con un hijo de 7 años qué le han dicho en el colegio que necesita ayuda profesional, porque lo ven triste y poco motivado. El niño es evaluado y nos damos cuenta que el problema se centra en el entorno del niño en casa y no en el colegio.
En ese niño se tendría que cambiar varias cosas de su día a día, para empezar sería conveniente que el niño hiciera las tareas escolares en su casa con uno de sus padres.

Que se iniciarán conversaciones con el niño en familia a la hora de comer y cenar, sin compañía de la televisión. También se tendrían que hacer actividades de ocio al aire libre en familia los fines de semana, y una extraescolar entre semana que el niño pueda elegir.
Ese niño llegó a mí consulta con 11 años, fue diagnosticado de depresión 4 años después de haber asistido al psicólogo que le dio esas pautas, pautas muy correctas y que hubieran funcionado muy bien, si los padres hubiesen cumplido con ellas.

A simple vista supongo que es fácil responsabilizar a los padres de la situación presente, por no haber seguido las recomendaciones del profesional. Supongo que yo en mis inicios profesionales lo hubiese hecho, pero 20 años después ya no pensé lo mismo. Podría decir en términos generales, capacidad para juzgar la conducta humana y a las personas, la he perdido. Demasiados equivocaciones.

En este caso mi primera pregunta fue, preguntarles cómo estaban ellos. Obviamente la pregunta les cogió de improviso, ya que la respuesta fue claramente, decirme que venían a consulta por el niño no por ellos, eso ya me dejó muy claro que el estado afectivo de esos padres no era precisamente bueno. Supongo que ningún padre que quiera a su hijo y le vea triste distante y que no es feliz, no debe estar en pleno rendimiento.

Les dije que necesitaba saberlo ya que las pautas que le dieron en su momento prácticamente eran las mismas que yo les iba a dar, con una diferencia, mi trabajo no consistía en darle una lista de tareas que ayudarían a su hijo, si no en ayudarles a ellos adaptarlas con éxito para poder realizarlas. Por lo tanto, teniendo en cuenta que ellos eran
los que tendrían que llevar a cabo el trabajo más importante, necesitaba saber que mis ayudantes, mis ojos, mis manos, los padres del niño, podrían ejecutar las pautas.

Ante mi respuesta el padre miró hacia abajo, la madre se puso a llorar. Me explicaron que todo era su culpa, porque trabajaban en horarios diferentes, que llegaban tarde a casa, y que nunca habían podido estar por su hijo. El niño estaba por las tardes repartido entre los abuelos paternos y maternos, por lo que no habían podido darle la atención y hacer las tareas que el otro psicólogo les había pautado.


En mi punto de vista lo que falló entre el primer psicólogo, las  pautas, y estos padres, fue la falta de adaptación de las pautas a la realidad de estos padres. Cada padre, niño, familia, tiene que tener una pautas adaptadas y específicas para ellos, no plantillas estándares generales que se repartan como panfletos.

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