A LA HORA DE EDUCAR A TUS HIJOS, CONVENDRÍA TENER EN CUENTA…

El otro día, como tantas otras veces, me puse a reflexionar de manera genérica sobre los casos que intento desempeñar, de la mejor manera posible, en mi consulta. Y vi claramente, que la gran parte de ellos se rigen por un denominador común: las dificultades que tienen los padres/madres para educar a sus hijos.

La cosa suele ir así: los niños hacen algo que no deberían. Los padres se ponen furiosos. Ellos se alteran. Hay lágrimas y todo es un drama.

Pasan los días, los meses y los años, y el bucle sigue teniendo los mismos protagonistas e incluso el componente emocional y las reacciones son mucho más extremas. Y piensas: ‘’Uff ya no sé cómo gestionar esto… No puedo más… Cada día es una constante pelea…’’ Y te derrumbas.

Y es que ser padre/madre es una tarea difícil, muy difícil. Más aún cuando nadie nos ha enseñado ni entrenado para ello. Y no es tarea sencilla saber imponer disciplina a los hijos.

Pero me gustaría decirte algo: ERES CAPAZ de disciplinar con respeto y tacto, pero también con límites claros y coherentes.

Y antes de ahondar un poco más en el tema, quería hacer un inciso dado que creo que como sociedad entendemos el concepto disciplina de manera errónea. Y es que tal palabra no tiene que ver con imponer castigos a diestro y siniestro para que los chicos terminen haciendo lo que nosotros queremos. Este término proviene del latín y hace referencia a todo lo relacionado con la enseñanza y la adquisición de destrezas.

A partir de aquí, creo que si se pretende realizar una disciplina efectiva para con los hijos/as, hay que remarcar dos objetivos claros:

  1. Conseguir que los niños/as ayuden y hagan lo correctoà objetivo a corto plazo
  2. Instruir a los niños a que desarrollen el autocontrol y una brújula moral para que sean cuidadosos y responsablesà objetivo a largo plazo

El primer elemento a tener en cuenta a la hora de disciplinar, consiste en conectar con los hijos des del punto de vista emocional. Al margen de si se habla, se juega o se ríe con ellos o se les impone disciplina, se pretende que experimenten profundamente el amor y afecto de los padres, tanto si se les felicita como si se aborda un mal comportamiento.

Conexión significa darles a los hijos atención, que se sientan respetados lo suficiente como para escucharles y transmitirles apoyo, guste más o menos su manera de comportarse. Y es ahí, cuando están actuando de manera inadecuada, cuando más suelen necesitar la conexión con sus padres.

Tan pronto (o tarde, según se mire y suceda) como se haya conectado con el niño/a y ayudado a tranquilizarse para que pueda oír y entender lo que se le está diciendo, es una buena oportunidad para redirigirlo hacia una conducta más apropiada.

Cuando se es capaz de combinar límites claros y coherentes con la empatía afectuosa, todos salen ganando. El niño va a ser capaz de trasladarse de un lugar reactivo a uno receptivo donde pueda aprender, y tú habrás conseguido evitar la mayor parte de gritos, lloros y enfados.

Al final, creo que de eso se trata, de conectar y redirigir.

(por Marc Ginés, Psicólogo) ​

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