En este artículo, explicaremos qué significa tener altas capacidades, cómo se relaciona con la neurodivergencia y ejemplos de cómo un niño o niña con estas características puede experimentar la vida diaria.
Las altas capacidades intelectuales son un tema que genera bastante interés y a menudo confusión en la sociedad. Si bien comúnmente se asocian con el concepto de “genio” o “niño prodigio”, las altas capacidades son una característica que puede manifestarse de muchas maneras, tanto cognitivas como emocionales, y afectan el desarrollo del niño de formas únicas.
El término «altas capacidades» hace referencia a niños o niñas que poseen habilidades cognitivas significativamente superiores al promedio en diversas áreas, tales como la memoria, el razonamiento abstracto, la creatividad, la resolución de problemas, o incluso el aprendizaje de lenguas extranjeras. Este fenómeno no se limita al famoso cociente intelectual (CI), sino que abarca otras áreas más complejas como la música, el arte o la percepción espacial, y sobre todo e inpresindible, la creatividad como capacidad de crear.
Un niño con altas capacidades no siempre se caracterizará por un CI extremadamente alto. Algunos niños pueden demostrar habilidades excepcionales en áreas específicas, mientras que otros pueden tener una inteligencia en diferentes áreas elevadas. Por lo que la nueva manera de evaluar las capacidades será por áreas y no en una sola prueba.
Los niños con altas capacidades no tienen porqué tener altas notas académicas, de hecho es muy probable que esto no pase en las áreas donde presentan aburrimiento o desinterés. En casos donde las capacidades se dan en grado de superdotación, el fracaso escolar es muy frecuente.
La neurodivergencia es un término utilizado para describir condiciones en las que el cerebro funciona de manera diferente al estándar neurotípico, es decir, al funcionamiento cerebral de la mayoría de las personas. Esto incluye, entre otros, el autismo, el TDAH, la dislexia y las altas capacidades. Es importante señalar que ser neurodivergente no significa necesariamente tener un trastorno, sino que implica una variabilidad en el modo en que el cerebro procesa la información. Se suele definir como un pensamiento en paralelo con información de diferentes áreas a la vez.
Aunque las altas capacidades no son un trastorno en sí mismas, se consideran una forma de neurodivergencia debido a que el cerebro de estos niños o niñas procesa la información de manera diferente a la de la mayoría. Esto puede generar desafíos a nivel emocional, social y académico, incluso cuando el niño tiene una inteligencia superior.
La relación entre altas capacidades y neurodivergencia puede ser compleja. Por ejemplo, un niño con altas capacidades podría enfrentar dificultades para encajar en entornos educativos convencionales, donde los métodos de enseñanza y la velocidad del aprendizaje están diseñados para un grupo mayoritario. Además, la alta sensibilidad emocional, a menudo observada en estos niños, puede estar relacionada con una mayor propensión a experimentar ansiedad o frustración, sobre todo cuando no se les brinda un espacio para desarrollar sus habilidades de manera adecuada.
Los niños con altas capacidades tienden a ser muy curiosos, a menudo haciendo preguntas profundas y desafiantes sobre el mundo que los rodea. Pueden interesarse por temas muy complejos o poco comunes para su edad, como la física cuántica, las estrellas o incluso la historia antigua, lo que a veces genera la percepción de que están fuera de lugar en su entorno.
Un niño con altas capacidades puede mostrar un rendimiento académico excepcional, pero también podría enfrentarse a la frustración de tener que esperar por sus compañeros para poder avanzar. La rapidez con la que aprende puede hacer que se sienta aburrido o desconectado de las actividades que se realizan en el aula. En algunos casos, los profesores pueden no saber cómo desafiarlo adecuadamente, lo que puede llevar al niño a sentirse desmotivado, la la bajada de notas extrepitosamente y llegar al fracaso escolar.
Por ejemplo, un niño con altas capacidades podría terminar una tarea de matemáticas en pocos minutos y luego quedarse sin actividades adicionales que hacer. A veces, esto lleva a la búsqueda de distracciones o incluso a conductas desafiantes. El reto para el sistema educativo radica en proporcionar desafíos adecuados sin hacer que el niño se sienta excluido o marginado, y que le castigan con más trabajo porque ha acabado antes.
Hay que tener en cuenta que tienen una sensibilidad especial para la justicia.
En casa, un niño con altas capacidades podría involucrarse en actividades que desafíen su mente, cómo resolver rompecabezas complejos, leer libros avanzados o practicar música. En algunos casos, los padres de estos niños pueden sentir la presión de proporcionarles una educación adicional o actividades extraescolares que estimulen su intelecto.
Sin embargo, también pueden enfrentar dificultades emocionales en el hogar, como el estrés relacionado con el perfeccionismo o la frustración por no ser comprendido en su profundidad emocional. Los padres deberán encontrar un equilibrio entre fomentar su desarrollo intelectual y abordar sus necesidades emocionales.
En las interacciones sociales, un niño con altas capacidades puede sentirse desconectado de sus compañeros. Sus intereses pueden no coincidir con los de los demás niños de su edad, lo que genera un desajuste en sus relaciones. Podría tener dificultades para compartir sus ideas o para ser entendido, y a menudo no recibe el apoyo emocional necesario.
Por ejemplo, un niño con un talento excepcional para la música puede sentirse excluido cuando otros niños no comparten su entusiasmo por la práctica musical o no entienden sus habilidades. Esto puede generar frustración, especialmente si la familia y el entorno escolar no ofrecen un espacio donde el niño pueda desarrollarse en un ambiente adecuado.
Los niños con altas capacidades son una manifestación única de la neurodivergencia, y sus características no deben ser vistas únicamente como un conjunto de habilidades excepcionales, sino como una variabilidad en su manera de procesar la información y en su desarrollo emocional y social. Es fundamental que tanto los padres como los educadores reconozcan las necesidades específicas de estos niños, proporcionando un entorno de apoyo que permita maximizar su potencial sin olvidar sus aspectos emocionales y sociales. Solo así podrán alcanzar un desarrollo integral, siendo capaces de expresar y disfrutar plenamente de sus capacidades sin sentirse marginados o incomprendidos.
